En estos días la renovación del contrato de gestión de los aeropuertos propiedad del Estado es tema de debate. Se cuestiona la decisión de renovar el acuerdo por 30 años aun cuando faltaban siete para concluir el período vigente con Vinci Airports.

Comprendo las dudas y críticas por la negativa experiencia del contrato de operación firmado en el 1999, que resultó un fiasco y del cual el Estado no obtuvo beneficio importante y todas las ventajas quedaron en manos de los accionistas originales de la concesionaria Aerodom, ahora es propiedad de Vinci.

Esta empresa internacional presente en 13 países es una organización especializada en el desarrollo y operación de aeropuertos, un posicionamiento totalmente diferente al grupo dominicano que tomó las instalaciones estatales en un cuestionado contrato producto de un concurso, que ganó sin tener la experiencia y antecedentes necesarios en el delicado negocio aeroportuario, para el que se asociaron con una empresa canadiense que entonces tenía un aeropuerto en la costa oeste de ese país, en una relación que tuvo corta duración.

Lo mejor que pudo pasar es que el contrato pasara a manos de Vinci, que hoy tiene bajo su responsabilidad 71 aeropuertos en África (Cabo Verde), Asia (Camboya y Japón), Europa (Francia, Portugal, Reino Unido y Serbia) y América (Estados Unidos, Costa Rica, Chile, México, Brasil y República Dominicana).

La historia original de Aerodom se resume en pocas palabras. Obtuvo un ventajoso contrato en el que el Estado entregaba mucho y recibió nada, incumplió parte de sus compromisos e hizo un ventajoso negocio al vender el contrato a terceros, que finalmente quedó en manos de una reputada empresa de clase mundial.

Con Vinci el aeropuerto internacional de Las Américas, el segundo en importancia del país, detrás de Aeropuerto Internacional Punta Cana, mejoró su desempeño y aumentó el flujo de pasajeros. Por primera vez ha reportado un crecimiento sostenido, que supera los dos millones de pasajeros y este año aunque no llega se acerca a los 3 millones de pasajeros.

Con Vinci por primera vez el Estado va a recibir beneficios económicos por sus aeropuertos y hace un negocio mucho mejor que el anterior, tomando en cuenta que ya las instalaciones del aeropuerto Las Américas no aguantan más remiendos y se necesita construir una nueva.

Al tener como socio al principal a un probado operador internacional de aeropuertos, fue una buena decisión adelantar la negociación, mantener la relación y aprovechar la oportunidad de renovación que ofrece el contrato vigente, para pactar la construcción de la nueva terminal que necesita Las Américas para sostener el crecimiento que se registra en el tráfico internacional de pasajeros y carga.

Vinci nos ha mostrado que conoce el negocio, que no es un actor improvisado como los originales propietarios de Aerodom, que está dispuesto a invertir en nuestros aeropuertos, que dispone de los recursos y acceso al financiamiento, que tiene las relaciones internacionales y sabe qué hacer para aumentar el tráfico y atraer nuevas aerolíneas.

Quizás no es el acuerdo perfecto, pero es muchísimo mejor que el anterior y deja nuestras instalaciones en manos de un grupo con credibilidad.

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