Sosúa y Cabarete son dos comunidades hermanas con historia y recursos envidiables para el turismo, y para tener una economía próspera como la de Punta Cana o Las Terrenas.

Pero son comunidades dejadas a su suerte por los jefes políticos del país. Lo mismo si es el Partido Revolucionario Dominicano, el olvidado Partido Reformista, el desangrado Partido de la Liberación Dominicana y su socio rebelde Fuerza del Pueblo, y ahora el Partido Revolucionario Moderno.

Los partidos casi siempre escogen para estas comunidades poco valoradas por ellos, autoridades que una vez en el poder dilapidan sus ingresos, tienen pobre liderazgo real y más bien sobresalen por la ausencia de capacidad para gestionar su comunidad y atender sus problemas.

En los últimos años van de escándalo en escándalo. Algunos llevados ante los tribunales por corrupción, otros condenados por negarse a cumplir la ley de acceso a la información pública o cuestionados por su ineptidud. Mientras las comunidades sufren, los líderes de partidos se hacen los sordos y mudos, para evadir su responsabilidad, que la tienen, porque son quienes deciden quien aparece en la boleta que llega a las elecciones.

Los últimos grandes escándalos los protagonizaron los responsables municipales de Cabarete. Ahora el turno fue para Sosúa, donde el actual alcalde, al mismo tiempo empresario del negocio de bares, primero tiró al zafacón una resolución que sacaba del centro de la ciudad el mercado de sexo para los turistas, y ahora justificó descaradamente su existencia. Para él Sosúa necesita que las calles céntricas estén ocupadas por una legión de chicas, muchas de las cuales llegan de comunidades cercanas, que ofrecen su servicio a los sedientos de sexo. Una nota periodística sobre el tema dice lo siguiente:

“En una insólita declaración, el alcalde del municipio de Sosúa, Wilfredo Olivences, propietario de discotecas en el epicentro de la prostitución, defendió la prostitución en esa comunidad, durante una entrevista concedida al periódico español La Sexta, pero su posición tiene el rechazo de la Asociación de Hoteles y Restaurantes de Sosúa y Cabarete (Ashoresoca) y de la Asociación para el Desarrollo Sostenible de Sosúa (ADSS).

“El alcalde citó en un restaurante al periodista Jalis de la Serna, quien le expresó a Olivences, que le llamó la atención la abierta oferta de servicios sexuales: ‘Estamos un poco impactados. Me he recorrido Sosúa, y desde la playa, está lleno de mujeres esperando para captar clientes para ejercer la prostitución’”.

“Olivence respondió: Pero no es Sosúa el único lugar donde están todas las prostitutas del mundo; en todo el mundo hay prostitución, la prostitución es parte de la cultura del mundo, es parte de la tradición. Está en España, en su país. Allá hay muchas chicas que se buscan su vida en la calle, ¿o allá en España solamente hay santas o vírgenes?”

Olivence está en el negocio, por eso no le pregunto a él y me dirijo al PRM, que está en el Gobierno, y pregunto qué harán su autoridades para eliminar el escandaloso mercado de sexo en que han devenido las calles céntricas de Sosúa.

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