Algunos funcionarios del Gobierno y dirigentes del PRM en el actual contexto están ciegos y sordos, algunos locos, pero la mayoría habla hasta por los codos. Lucen contagiados con el síndrome de Shakira que afirma que por un amor (en este caso el poder) está “bruta, ciega y sordomuda”.
Un virus parecido se ha esparcido en el funcionariado del Gobierno y en la dirigencia del PRM, excepto el de mudo porque todos, o casi todos, se han tomado los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, para salir a defender la reforma fiscal. El problema no es que la defiendan porque el deber llama, lo cuestionable son los argumentos y la forma.
Para muestra dos botones. Eddy Olivares, vicepresidente ejecutivo del PRM, la respuesta que dio a la primera tanda de cacerolazos el domingo en la noche, es que se trató de una especie de venganza. “Ellos estaban esperando con ansias la oportunidad de hacer este tipo de protesta”, declaró, según el Nuevo Diario.
El presidente del PRM, José Ignacio Paliza, fue a un programa de televisión y el argumento que usó para justificar la reforma fiscal fue que Leonel Fernández hizo cuatro en ocho años. En sentido general el relato que tiene el Gobierno para justificar el trago amargo del paquete impositivo es que las reformas fiscales son odiosas.
El problema de los voceros de la reforma no es solo lo que dicen, sino cómo lo dicen y lo que sus gestos comunican. Se les lee en la piel que se trata de un discurso aprendido y ensayado, algo así como las famosas botellas del modelo educativo desfasado. Esa metodología carece de razonamiento lógico porque no hay conexión entre lo que se dice y se piensa, porque no interioriza, ni contextualiza, ni hace un ejercicio mínimo de contrastar el contenido enlatado con la práctica.
En la memoria de la población está fresca la compra (o más bien alquiler) de dirigentes políticos de la oposición en la pasada campaña electoral para que respalden al partido de gobierno. Fue, es y seguirá siendo un grave error político subestimar la inteligencia de los pueblos.