La fe verdadera es movida por el amor, de modo que un “amor débil” será como viento que no mueve la vela o el aspa del molino. Es cuando amamos apasionadamente que nuestra vida reta las tormentas y no los desafíos los que retan nuestro potencial. El amor es quien toca la puerta primero, quien tiene las iniciativas, toma las riendas y usa el viento contrario para alzar vuelo. Entonces a veces no hace falta más fe, sino más amor.
Ama lo que Dios ha puesto en tus manos, su obra, tu familia, ama tu pareja y apóyala para que brille, ama a tus hijos y dales seguridad, ama tu razón de vivir y abre tus alas, el Espíritu está dispuesto a soplar el viento que te eleva más allá de tus cumbres.