El concepto de tolerancia es suficientemente amplio como para abarcar una serie de cualidades, de virtudes y hasta de derechos inherentes a todas las personas, no es indiferencia ni indulgencia, sino respeto a las creencias, a las culturas y a la diversidad que diferencia a cada etnia, a cada pueblo originario, a cada idioma nativo con sus respectivas raíces, de ahí que también es un derecho profundamente humano.
En 1995 la Unesco instauró el Día Internacional para la Tolerancia, que se celebra el 16 de noviembre. Sin la pretensión de trazar una definición acabada del término, podríamos decir que, esencialmente, es el respeto por las diferencias, lo que implica una aceptación de los demás, en un marco de convivencia pacífica.
Así como en una misma familia, aunque haya rasgos comunes, hay diferencias físicas e intelectuales entre los integrantes, unos tienen habilidades para determinadas tareas u oficios, otros en cambios son diestros para el arte, en cada sociedad las personas son también diferentes.
La mejor manera de practicar la tolerancia es partir de lo que no se sabe, lo que implica primero informarse, después entender y luego aceptar lo diferente. Por lo general, la intolerancia nace del prejuicio, que es el rechazo “a priori” de todo lo que resulte ajeno a la propia cultura.
Fue John Lennon, el más icónico integrante del grupo musical inglés The Beatles, el que acuñó la frase: “Don’t hate what you don’t understand”, no odies lo que no entiendes, que resume la necesidad de aceptar las diferencias.
Otro enemigo de tolerancia es el provincianismo cultural, que consiste en juzgarlo todo según la óptica de la propia cultura y de la limitada visión del mundo circundante, lo que lleva a rechazar desde los idiomas foráneos hasta la vestimenta, la música y toda manifestación cultural extranjera.
El mundo en que vivimos, pese a lo que ha evolucionado en el orden científico o tecnológico, mantiene prejuicios de todo tipo que se traducen en homofobia, discriminación racial, xenofobia, discriminación por género y otras tantas rémoras que hace siglos debieron ser desterradas.
Precisamente, el Día Internacional para la Tolerancia es una fecha que debe entenderse como un llamado a dejar atrás los prejuicios, los odios ancestrales, el rechazo supersticioso, para encaminarnos a una coexistencia basada en la aceptación, que quizá sea el primer paso hacia la paz definitiva.