Aunque en nuestro país se les llaman “macos”, sean sapos o ranas, estos inofensivos anfibios casi nunca son bienvenidos en ninguna casa y además, por su aspecto viscoso, su cuerpo obeso y sus ojos saltones son puestos como ejemplo de la fealdad.

El cuento de los hermanos Grimm El príncipe sapo, que tras el beso de una hermosa princesa recupera su forma original de bonito príncipe, es una representación de los opuestos conceptos de fealdad y belleza.

En nuestro país es conocido el dicho popular: “Asigún el maco; la pedrá”, que sugiere el tamaño de la piedra que se les debe lanzar para espantarlos. Sin embargo, muchos poetas y escritores han reivindicado a estos animalitos, como el maestro titiritero argentino Javier Villafañe, autor del cuento los sueños del sapo, un relato sobre la autoaceptación.

El poeta chileno Alejandro Flores Pinaud compuso el poema Sapo trovero, musicalizado por el conjunto folklórico argentino Los Chalchaleros, que fue un éxito mundial.

“Las supersticiones, los incomprensibles conceptos de la belleza que tejen y entretejen los seres humanos, crean extraños patrones que valoran a los seres y las cosas por su aspecto exterior”, afirma el catedrático Australio Pithecus y continúa: “De manera que se nos presentan diversos paradigmas creados por ciertas élites y accesibles solo para ellas, como la ropa cara, los bolsos de diseñador y los zapatos de marca que solo sirven para sembrar la frustración en los carenciados y vulnerables, que sufren porque jamás podrán comprarse ninguna de esas porquerías. De ahí que los inofensivos sapos nos parecen feos, mientras las águilas carniceras y felinos depredadores se nos antojan hermosos”, dice el catedrático.

Los macos se alimentan de insectos dañinos, de ahí que cumplen una función benéfica en los ecosistemas.

“Los que nos reímos de las modas y de los cánones impuestos de belleza, reivindicamos a los pobres sapitos, despreciados por la superstición, degradados por la ignorancia” afirma la bióloga polaca Kulebrinka Lombrizovitch, en su libro Paz a los batracios.

Mientras tanto, los macos, igual que los fantasmas, producen terror, con la diferencia de que los segundos no existen y los sapos, que no hacen daño a nadie, son condenados al ostracismo biológico, pobrecitos…

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