Antes dábamos la primera impresión al vernos por ocasión inicial. Hoy, antes de ver a una persona, es posible que hayamos tenido varios contactos. Las redes, algún chat, una llamada, u otra cosa.
Cada contacto generó un trozo de la primera impresión. Ella es el muñeco armado de todos los contactos que tengamos con la persona. Ya sea que nos postulemos para un empleo o que simplemente aparezcamos en las redes a alguien.
En el primer caso, enviaremos un CV que dirá lo que deseamos que crean de nosotros. Posiblemente echen un vistazo en nuestra vitrina pública (las redes) y se lleven la impresión de lo que realmente somos. Ellas muestran, inclusive, cómo pensamos.
En el segundo caso, podemos caerles bien, o no tanto, a las personas que ven publicaciones nuestras aleatoriamente. Ya se han hecho una primera impresión.
Tener cuidado de ser neutral es importante, principalmente en nuestra exposición pública. Ponemos mucha atención a la vestimenta, pero es lo de menos. Nadie que me vaya a contratar estará contra mí si ve una foto en pantalones jeans en cualquier lugar. No puede pretender que esté vestido como debo ir a trabajar. Lo importante es que sea la vestimenta adecuada para el lugar.
A lo que más cuidado le pongo es si la persona sabe hablar el segundo idioma indispensable. En nuestro caso, español formal.
En el lenguaje coloquial puedo hablar como soy, la jerga del pueblo o barrio. Pero a la hora de la verdad, debería ser capaz de pronunciar correctamente.
Recuerdo escuchar a un señor en un programa radial criticar que hay personas que dicen “tábanos” por estábamos; y, luego, entrevistar a un extranjero y no pronunciar una “s” ni por decencia. Acortar todo lo que se podía comer y utilizar jerga local. Lo peor es que pretendía que lo entendieran.
Vestir, comportarse, pensar y hablar adecuadamente son partes esenciales de la primera impresión. Aunque en la casa coma el pollo con las manos, debe uno también saber comerlo con cubiertos.
¿A cuál partecita de tu primera impresión le pondrás atención hoy?