Me quejo, distinguidos miembros de Amnistía Internacional: Cada cierto tiempo, como un guion, ustedes nos acusan de racistas. Es como si no tuvieran oficio o tal vez son selectivos al momento de lanzar alegres imputaciones. Me pregunto: ¿Con qué base ustedes opinan?

¿Saben ustedes que es difícil que haya dos naciones fronterizas tan distintas como la dominicana y la haitiana? Las diferencias son enormes: idioma, raza, religión, historia, música, arte y deportes. A pesar de ello, existe entre ambos una relación de armonía, con pocos enfrentamientos, como si tuvieran más semejanzas que contrastes. Es algo extraño, tal vez irrepetible en el planeta.

¿Acaso desconocen que en el campo jurídico los trabajadores haitianos, sean legales o no, tienen los mismos derechos laborales que los dominicanos? Me refiero a desahucio, auxilio de cesantía, salario de Navidad, vacaciones, bonificación y pago de horas extras. En ese aspecto, las leyes dominicanas son de las más avanzadas del mundo.

Y no aleguen ignorancia con el área de la salud, donde un apreciable porcentaje de parturientas en los hospitales dominicanos son haitianas, al igual que el número de heridos que llega a las emergencias, donde se les trata como a dominicanos, con las carencias propias de una sociedad subdesarrollada. ¿Y con respecto a la educación? Aquí hay miles de haitianos estudiando con normalidad, los cuales se caracterizan por su buen comportamiento.

Amigos de Amnistía: los invito a visitar un comedor económico dominicano, donde la alimentación es casi gratuita; la mayoría de los beneficiados son de la tierra de Toussaint Louverture.

Escriban en sus informes esta verdad: “Los haitianos en la República Dominicana transitan por los mismos lugares que los dominicanos; se transportan apretados con los dominicanos en el transporte público; los contratan en la construcción, la agricultura y como empleados domésticos, sin saber a veces sus nombres. Comparten alegrías y penurias, sin contratiempos”.

Al menos deben reconocer que cuando en Haití hay catástrofes naturales, como huracanes, terremotos e inundaciones, los dominicanos somos los primeros en estar allí con nuestra mano solidaria, dispuestos a entregarles algo de lo escaso que tenemos; lo hacemos con amor y entusiasmo. Es un fiel ejemplo de cómo nos relacionamos con nuestros vecinos.

En ocasiones pienso que ustedes tienen cierta complicidad con importantes sectores haitianos que les ha salido de maravillas venderse como víctimas. Incluyo varias ONG. ¡No es cierto eso del “apartheid caribeño” y “el régimen de esclavitud”! ¡Es una manipulación burda, un chantaje para mantener entre nosotros un sentimiento de culpa y quedarnos callados ante tales embestidas!

Perdonen estas palabras, pues sé que ustedes tienen una noble misión en un mundo problemático, pero con la República Dominicana se equivocaron.

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