Los procesos en que están en juego instituciones públicas críticas no pueden festinarse; tampoco retardarse por cuestiones ajenas a ética y transparencia. Vueltas y más vueltas sin resultados a la vista es lo que hasta ahora tenemos con el proceso para elegir a los nuevos miembros de la Cámara de Cuentas. Después de que aparentemente se agilizara un poco en la preselección de las ternas ahora han surgido escollos porque al parecer, legisladores de la oposición exigen algo así como una cuota, como si la Cámara de Cuentas fuera pastel a repartir. Ojalá que todo esto se disipe satisfactoriamente y que al órgano de control vayan personas capaces y moralmente íntegras. l

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