Ambas impulsaron transformaciones significativas en la sociedad: una a través de los medios de comunicación y la otra mediante el altruismo
Dos Marías: una es reconocida por su labor en la locución y las artes escénicas del país, mientras que la otra es una mujer extraordinaria que dedicó su vida al servicio social en esta hermosa tierra de Quisqueya. Con esta quinta y última entrega, llegamos al final de esta edición especial que rinde homenaje a mujeres notables en la historia de la República Dominicana.
En esta ocasión, profundizaremos en la vida de María Victorina de la Cruz, conocida en vida como doña Chucha, y de María Cristina Camilo, cariñosamente llamada Maíta.
María Victorina de la Cruz
Doña Chucha nació en la sección El Carril, en el municipio de Haina, San Cristóbal, en 1859. Esta destacada y altruista mujer entregó su vida al apoyo de los niños y adolescentes vulnerables de su comunidad. Con el fin de lograr su propósito, vendió lo poco que tenía para fundar lo que hoy se conoce como el Hogar Escuela de Niñas que lleva su nombre. Su valiente labor dio inicio el 15 de abril de 1920, y gracias a ello, logró educar a miles de hombres y mujeres en la sociedad.
Desde ese Hogar, cientos de jóvenes han recibido becas para continuar sus estudios en diversas instituciones académicas, como la Universidad Apec, el Domínico Americano y el Boston Institute, entre otras. La casa hogar ha sido reubicada en tres ocasiones, hasta establecerse definitivamente en su ubicación actual en la calle Caonabo #44, en Gascue.
En 1964, la señora María Victorina de la Cruz, conocida como Doña Chucha, fue honrada con un diploma en reconocimiento a su compromiso y entrega al servicio humanitario en el país. Este reconocimiento fue otorgado por la organización estadounidense Lane Bryant Inc. El premio que recibió fue el título de Voluntario Internacional, el cual se otorgaba de manera anual con el fin de inspirar y rendir homenaje a aquellos que se dedican a mejorar las condiciones de vida de los hogares y comunidades en situación de vulnerabilidad.
Cambio de nombre del Hogar
El orfanato Hogar Escuela de Niñas Doña Chucha, al igual que cualquier otra institución, ha experimentado mejoras a lo largo del tiempo. En sus comienzos, fue conocido como el Asilo-escuela Beato Diego José de Cádiz, en honor al santo franciscano que, según María Victorina la salvó de morir de un accidente cerebrovascular.
Posteriormente, este lugar adoptó el nombre de Hogar de Niños Huérfanos, hasta que finalmente se consolidó con su identificación actual. Aunque la prensa no especifica el año en que se produjeron estos cambios, queda evidenciado que este refugio infantil ha tocado los corazones de miles de niños huérfanos y abandonados.
María Victorina de la Cruz falleció el 5 de diciembre de 1967 a la edad de 108 años, en esta ciudad capital. Ella siempre vestía con un turbante blanco en la cabeza y un vestido largo que cubría todo su cuerpo.
María Cristina Camilo
Mencionar a María Cristina evoca instantáneamente conceptos como amor, disciplina, dedicación, perseverancia y entrega, entre muchas otras características más. Camilo ha sido la persona que ha invertido más tiempo en los medios de comunicación de nuestro país. Nació en San Francisco de Macorís el 25 de diciembre de 1918, era hija de Basilio Camilo Pantaleón y María Antonia Rodríguez, quien lamentablemente falleció cuando ella era muy niña. Por ello, fue criada por su tía, Basilia Camilo Pantaleón de Amarante, y su esposo, Bartolo Amarante Méndez. Esta destacada profesional del micrófono completó su educación primaria en el Colegio Inmaculada Concepción, en La Vega, donde adquirió habilidades en la correcta habla, así como en el piano y la mandolina.
Al finalizar sus estudios en la escuela, decidió estudiar enfermería en su ciudad natal, a pesar de que su verdadero anhelo era convertirse en médico. Maíta se graduó como enfermera quirúrgica en un instituto fundado por los estadounidenses que ocuparon el país entre 1916 y 1924.
Ejerció su profesión en un hospital de su localidad, bajo la supervisión del doctor Antonio Tejada Guzmán. Este médico apreció la atención y el buen trato que Maíta brindaba a los pacientes, lo que lo llevó a ofrecerle un puesto en su nueva clínica. María Cristina trabajó allí durante 12 años, pero finalmente decidió mudarse a la capital, Santo Domingo, en busca de un salario que le permitiera mejorar su situación económica.
A su llegada a la ciudad, se hospedó en casa de su prima, Trina Amarante de Sánchez y por medio de una hermana de su prima, recibió la invitación de ir al programa el Bazar del Aire conducido por el reconocido locutor ya fallecido, Homero León Díaz, de La voz del Yuna, donde escuchó un anuncio que cambiaría su vida por completo desde ese día.
Trayectoria
María Cristina llegó a Santo Domingo con el propósito de ejercer como enfermera en el hospital Marión. Sin embargo sus planes habían tomado otros rumbos cuando escuchó en el programa de Homero León Díaz, al locutor, gloria y voz de oro nacional, Ramón Rivera Batista, quien anunciaba que se necesitaban a cinco locutores para trabajar en esa planta televisora.
Motivada por este anuncio, doña María Cristina Camilo decidió presentarse a la audición al día siguiente, donde tuvo su primera entrevista con Petán. “Aquello no fue fácil. Sentí el miedo que todo profesional en un principio vive. Luego me llené de valor, confié en mis potencialidades, olvidando la libreta y el micrófono que tenía al frente, para darle paso a mi voz y creatividad”, dijo doña María Cristina.
Luego de esa evaluación que le dio el pase para formar parte del staff de la planta, María Cristina fue nombrada y por designio de Dios, a partir de ese momento, comenzó su carrera de locución de manera innata destacándose por su dicción impecable que conserva hasta el presente. Como parte de su formación como talento de la planta televisora, recibió clases en la Escuela de Locución Héctor J. Díaz, creada por Petán Trujillo y en la Escuela de Arte Dramático de esa estación, fueron sus maestros en la actuación, don Emilio Aparicio y doña Divina Gómez.
Esta profesional de la voz hizo su debut en los medios de comunicación en 1950, cuando tomó la prueba para locutores en lo que era La Voz del Yuna. Así, se convirtió en la primera mujer en ejercer como locutora en el país y en el primer rostro femenino en aparecer en la televisión dominicana al presentar el primer programa criollo, “Romance Campesino”.
Compartió cabina con Ramón Rivera Batista, en un programa de aficionados del canto, al que asistió José Arismendy Trujillo (Petán) quien era parte del público. Maíta se desenvolvió en el ámbito de la comunicación, creando programas radiales sobre el folklore y las tradiciones dominicanas. También participó en populares programas de televisión como “Cosas de mi Tierra,” “La Vieja Colasa,” y “Felipa y Macario,” entre otros.
El 24 de octubre de 1951, participó en el primer sorteo de la Lotería Nacional, donde cantó los números de la Lotería, una labor que desempeñó durante muchos años.
Reconocimiento
Su dedicación en los medios de comunicación durante más de siete décadas la ha llevado a obtener innumerables reconocimientos, entre ellos el Micrófono de Plata en 1975. Así también, el 18 abril de 1977, día en que se celebra el Día Nacional del Locutor dominicano, fue condecorada junto a la actriz Monina Solá, con la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el Grado de Caballero, por el presidente Joaquín Balaguer.
Ha sido galardonada con los premios “Casandra”, hoy Soberano. Premiada en cuatro ocasiones con el Micrófono de Oro. En 1983 fue nombrada “Inmortal de la Locución Dominicana”. En 1991, le fue otorgado el primer Gran Micrófono de Oro por el Círculo de Locutores Dominicanos.
En febrero de 2020, Premio Gardo le rindió un homenaje especial mediante la entrega de una estatuilla, en reconocimiento a su extensa carrera en la radio dominicana. Posteriormente, en 2021, recibió un premio especial en los Soberano.