Trotsky era alto, de mirada punzante, bigote con chiva, sonrisa ficticia, pelo abundante y poco acostumbrado al peine, de lentecitos ovalados que se pusieron de moda, más con Lenin que con él.

El día que llegó a México, después de rodar por Europa, donde ningún gobierno quería cargar con su peso y menos que Stalin pudiera pensar que le estaban echando vaina, Trotsky bajó la escalera del vapor que lo paseó, junto a Natalia Sedova, por el Atlántico. Presentó uno de sus 15 carnets de identidad cuya validez no necesitó justificar pues los agentes de aduana tenían la orden del presidente Cárdenas de dejarlo entrar, aunque se llamara Taras Bulba.

El calor que hacía en el puerto de Tampico era solo comparable al de cualquier playa en el Sol … y a la hora que fuese.

Era el año 1937 y tanto Diego como Frida lo esperaban echándose fresco con un ejemplar de El Machete que había traído Octavio Vilchis, otro que gestionó el exilio de quien tenía orden de expulsión de España.
Se montaron en el tren El Olivo que atravesó extensas llanuras repletas de cactus cuyas siluetas parecían saludar al ruso y llegaron a Ciudad México. Luego pasaron a Coyoacán, a la Casa Azul de la pareja “Elefante y Paloma”, siempre con La Cucaracha de fondo, aunque ya tenía 18 años que se tocaba en cantinas y en todas las fiestas.

Tampoco tardó en hacer uso de sus cualidades donjuanescas para hacerle galantería a la Kahlo y ella responder con tal de “vengarse de El Gordo”. Pero a Diego eso no le cuadró y lo puso de paticas en la calle, por “aprovechador, pasao y traidor”. Y Trotsky, que ya se parecía más al Coronel Harland Sanders, aquel empresario que vendía pollos fritos en Kentucky, se mudó a la Calle de Viena.

En 1939 escribía Trotsky una supuesta biografía de Josef Stalin con mas resentimiento que datos y donde se refleja, con claridad, que su única diferencia política era que él no dirigía la Revolución de Octubre.
Tal y como lo cuenta el periodista mexicano, José Ramón Garmabella, Trotsky no podía suceder a Lenin porque siempre hubo enormes diferencias y desconfianzas.

Cuando él organizó el Ejército Rojo, sus soldados, en cierta forma provenían de una élite social, mientras que Stalin se emburujó con “la chusma”, que fue quien lo apoyó, luego de que Lenin se fue de viaje con La Parca.

Las “críticas” de Trotsky venían desde que él era menchevique y Lenin dirigía los bolcheviques. Trotsky quiso ser el líder y eso lo llevó a presentar constantes críticas infundadas y con el objetivo de dividir el movimiento.

Para entenderlo mejor hay que leer al propio Lenin. Pero sé que ustedes no tienen tiempo para esas vainas, que mejor es ver los chismes de las redes. Comoquiera, cito a continuación algunos párrafos que datan de 1910, siete años antes de la Revolución, de un libro titulado OBRAS y donado a la Biblioteca Tomás Hernández Franco por Rolando Cid (Mónaco).

•“…Quien no cierre deliberadamente los ojos debe ver por fuerza que la nueva tendencia ‘crítica’ surgida en el socialismo no es sino una nueva variedad de oportunismo. Y si no juzgamos a los hombres por el brillo del uniforme que se han puesto ellos mismos, ni por el pomposo sobrenombre que a sí mismos se dan, sino por sus actos y por las ideas que propagan en realidad, veremos claramente que la ‘libertad de crítica’ es la libertad de la tendencia oportunista en el seno de la socialdemocracia…

En un artículo titulado “El sentido histórico de la lucha interna en el Partido en Rusia”:

  • “…Nos encontramos ante un ejemplo de las frases sonoras, pero hueras, en que es maestro Trotsky…”
    En otro artículo “Acerca de la diplomacia de Trotsky…” señala:
  • “…Trotsky se denomina defensor del partido tomando como base que el centro ruso del partido, formado por la mayoría abrumadora de las organizaciones de Rusia ¡es para él un cero a la izquierda! ¡ ¿No será, quizá, al revés, camaradas: que Trotsky y su grupito en el extranjero son un cero a la izquierda para las organizaciones rusas?
  • “…Trotsky falsea el bolchevismo, pues Trotsky jamás pudo asimilar una concepción más o menos precisa sobre el papel del proletariado en la Revolución rusa…”
  • “…Trotsky intenta desorganizar el movimiento y provocar una escisión…”
  • “… Trotsky ha quitado tiempo al partido con una discusión sobre palabras, sobre unas tesis malas, y ha tildado de examen furtivo el examen práctico…”
  • “…todo el enfoque de Trotsky y toda la orientación son falsos…”

Y esa pugna es la que reina en la historia de los movimientos políticos.

Bosch nunca debió salir del PRD. La oposición interna, como Martov y Trotsky, era la que tenía que salir y hacer otro partido porque él era el líder.

El 1J4 fue fuerte y unido porque Manolo no permitió fracción y tenía claro que él era el líder. Cuando Ramirito y Milo lo mataron por orden de Balaguer y la C.I.A., el grupo se partió en 80 mil pedazos porque surgió la Vanidad oculta que todavía prevalece, no ya para liderear nada, sino para seguir alimentando el ego y orgullo pendejos, tal como lo hizo Trotsky. La Psicología de Jung no falla.

El PLD post Bosch, lo obvió, tanto a él como sus principios lo que creó corrientes con mas interés en ellos que en servir a la sociedad.

En la reciente serie de Netflix sobre Trotsky, este aparece como un hombre fuerte, de un liderazgo del carajo, mientras que Lenin es un hombrecito debilucho, insignificante, sin carácter ni carisma… todo un siquiñaqui.

Esa parte de la historia de Rusia, de pasar de Monarquía a República, fue obra del gran esfuerzo de Lenin, nos guste o no. Su sacrificio, genialidad, humildad, condujo a los rusos a derrumbar la segunda Bastilla. Y mucha de su energía la tuvo que usar para combatir las ideas divisionistas de Trotsky a quien no expulsó, inteligentemente, para no dividir el movimiento.

Para Trotsky la Revolución era importante siempre que fuera él la cabeza. Cuando se dedicó a fondo a destruirla, fue expulsado junto a su vanidad y prepotencia.

La mayoría de los líderes no han defendido ni la democracia ni el comunismo… su ego sí.
En Vietnam se logró todo porque nadie contestó a su líder Ho Chi Ming. Rusia y China hoy se mantienen unidas y fuertes bajo un solo liderazgo.

Divide y vencerás, se conoce desde Julio César y Trotsky se prestó para dividir pero no para vencer, sino para que el movimiento no venciera.

Garmabella habla del apoyo de Trotsky a Franco y su afán por unirse a Roosevelt para joder a la URSS.
No cabe duda, Trotsky siempre fue Trotsky… un vanidoso y traidor.

Posted in Cultura, Gente

Más de gente

Más leídas de gente

Las Más leídas