Con el tiempo, la escritura de Yolanda Arroyo ha evolucionado desde una exploración personal hacia una búsqueda más política y colectiva. Le interesa narrar desde la negritud, el feminismo y la disidencia, para desafiar los discursos hegemónicos y reclamar un espacio para nuestras voces en la literatura. La historia de las mujeres negras, en especial dentro del contexto del Caribe y de la esclavitud, ha sido un eje fundamental en su obra, que le ha permitido conectar pasado y presente con el futuro a través de la ficción especulativa y el afrofuturismo. Recientemente visitó el país para participar en el Festival de Escritura Dominicana (FESD) en Acrópolis Center. “Fue una oportunidad para compartir con colegas y lectores del Caribe, y de seguir fortaleciendo los lazos entre nuestras literaturas caribeñas”.

¿Qué tienen de particular la novela, el cuento y el ensayo en la creación literaria y cuál disfruta más?
Cada género tiene su magia y sus desafíos. Me gusta la novela porque me permite desarrollar historias con profundidad, sumergirme en la investigación y darles voz a personajes que exigen tiempo y espacio. Sin embargo, disfruto mucho del cuento por su capacidad de impacto inmediato; es un género de urgencias, que condensa una historia en pocas páginas y obliga a la precisión. Por otro lado, el ensayo me permite dialogar con la realidad, hacer crítica social y desglosar ideas desde una postura activista y analítica.

¿Conocemos su gran inclinación por exponer temas sobre la negritud, el racismo y el colonialismo, qué hace falta en nuestros países para que estos se visibilicen y los libros lleguen a más lectores?
Es necesario que la educación formal incorpore nuestras historias y perspectivas desde una mirada de justicia racial. También es fundamental que las editoriales, las librerías y los medios de comunicación amplifiquen nuestras voces en lugar de relegarlas a nichos. Necesitamos más ferias del libro con enfoque antirracista, más programas de lectura en las comunidades, más fomento a la lectura, más becas para escritores, más premios en metálico, más residencias de artistas y una mayor inversión en la distribución de nuestras obras en espacios nacionales e internacionales.

¿Qué significó para usted ser reconocida como una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39?
Fue un reconocimiento que me llenó de alegría y responsabilidad. Me permitió conectar con otros escritores y visibilizar la literatura afrocaribeña en escenarios donde históricamente ha sido marginada. He sido adoptada simbólicamente por Bogotá, Colombia al punto que siempre digo que le debo mi carrera escritural y mi internalización a ese país. Colombia constantemente me invita a sus ferias, a sus programas de educación y alfabetización. He sido publicada en Bogotá con una tirada de 15,000 ejemplares, cifra nunca antes soñada por mí. Algunos de los escritores colegas se convirtieron en referentes y amigos: Pilar Quintana, Claudia Hernández, Karla Suárez, Andrés Neuman, Leonardo Valencia, Gabriela Alemán, Wendy Guerra, Pedro Mairal, Carlos Wynter Melo, Guadalupe Nettel, Santiago Roncagliolo, Ivan Thays y Jorge Volpi son nombres que no solo están cerquita de mí en las letras, sino también en el afecto y la admiración. También me reafirmó en la idea de que nuestras voces deben seguir resonando, porque contamos historias necesarias.

¿Qué significa para usted que sus textos hayan sido asignados y estudiados en importantes instituciones de Puerto Rico, México, California y otros países?
Es un gran honor y una prueba de que nuestras narrativas pueden trascender fronteras. Que mis textos sean estudiados en universidades y centros de investigación implica que estamos generando reflexiones críticas sobre el racismo, el colonialismo y la identidad afrodescendiente. Estos espacios académicos contribuyen a la legitimación de nuestras historias y a la difusión de nuevas perspectivas literarias y sociales. La primera vez que supe que era leída en Estocolmo casi me desmayo. El año pasado fui invitada por la Université de Lausanne en Suiza para discutir mi obra con investigadoras de Francia y Alemania. Presenté mi libro “Las Negras” en Ghana, África en 2013 invitada por el programa de NYU.

¿Qué nos puede contar sobre su experiencia como directora de la Cátedra de Mujeres Negras Ancestrales y cuáles han sido sus logros?
Dirigir esta cátedra ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi carrera. Hemos logrado crear un espacio académico para estudiar, discutir y celebrar la historia de las mujeres negras en el Caribe y el mundo. Hemos organizado conferencias, publicaciones y actividades que han dado voz a investigadoras, artistas y activistas. Seguimos avanzando para que la educación antirracista sea un pilar fundamental en la formación de nuevas generaciones. Como la cátedra fue mi proyecto de celebración del Decenio Afro 2015-2024, solicitamos por escrito a la ONU que extendiera esta celebración por 10 años más para que fueran 20 en total, dos décadas de divulgación de los afrosaberes. Nos unimos a ese movimiento de extensión y lo logramos. Ahora el nuevo Decenio corre desde 2025 a 2034. Como gran logro podemos celebrar que los primeros libros intencionalmente antirracistas, con portadas abiertamente de negritud majestuosa, llegaron a las escuelas y universidades de Puerto Rico durante estos pasados años.

¿Por qué es tan importante seguir abriendo espacios y oportunidades a las voces negras del Caribe?
Porque hemos sido históricamente silenciadas y marginadas. Abrir estos espacios significa justicia, significa reivindicación y significa garantizar que nuestras historias no sean borradas ni distorsionadas por las narrativas hegemónicas. Hay una afrorreparación cada vez que se publica a una voz negra. Siempre lo digo: Yo resucito ancestras.

Opinión
Es necesario que la educación formal incorpore nuestras historias y perspectivas desde una mirada de justicia racial”.

Consideración
Es fundamental que las editoriales, las librerías y los medios de comunicación amplifiquen nuestras voces en lugar de relegarlas a nichos”.

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